From LumiÉre Brothers to John Le CarrÉ, PART I (1895-1952)

Si existe un medio de locomoción por excelencia ligado a la historia del Séptimo Arte desde su nacimiento éste es sin duda el ferrocarril, quizás porque el desarrollo y posterior perfeccionamiento de ambos mundos estuvo estrechamente ligado desde finales del siglo diecinueve. La Revolución Industrial supuso el motor de un imparable progreso que afectó tanto al nuevo medio de locomoción y transporte sobre raíles como al nacimiento de la fotografía primero y al cinematógrafo después, un espectáculo de masas que pasó de ser minusvalorado y considerado como simple anécdota a convertirse ya en pleno siglo veinte en la diversión preferida por todas la clases sociales.

El mero hecho de confeccionar un listado de películas en el que salga cualquier máquina locomotora, coche de viajeros o vagón de mercancías me temo que terminaría por aburrir a propios y extraños. En cambio perfilar un ramillete de títulos en los que la aparición del tren sea tan anecdótica como fundamental resulta un desafío apasionante para cualquier aficionado al cine, y por supuesto para cualquier enamorado del mundo del ferrocarril. De modo que ocupen sus asientos y ¡Viajeros al tren!


Haciendo un poco de historia, todos deberíamos saber que primeras imágenes en movimiento fueron captadas por los hermanos Lumière a finales del siglo diecinueve. Inventaron el cinematógrafo (considerado el primer aparato de cine), basado en el kinetoscopio de Tomas A. Edison. Históricamente se ha marcado el 28 de diciembre de 1895 como la fecha de su nacimiento. Ese día en el Gran Café del Boulevard de los Capuchinos, en París, Louis y Auguste Lumière realizaron la primera proyección de cine: fueron diez o doce pequeños documentales que dieron inicio a lo que ahora conocemos como arte, industria y espectáculo; una combinación mágica entre ciencia y polvo de estrellas, "fame and fortune".

Pues bien, su LLEGADA DEL TREN (L’arrivée d’un train en gare de la Ciotat, 1895) no puede por menos que encabezar con orgullo nuestra lista de títulos en las que el caballo de hierro es la verdadera estrella de la pantalla. En apenas unos pocos segundos vemos cómo el tren se acerca soltando humo blanco en un plano oblicuo tomado desde un ángulo que también deja ver parte del andén y los raíles. Los Lumière eligieron esta estación por estar próxima a su residencia situada en el sur de Francia. Algunos pasajeros son familiares, y otros ignoran completamente a la cámara. Cobran protagonismo las damas de los ampulosos vestidos con sus hijitos a juego, en contraste con otra clase social de ropaje más sufrido. Cuentan que los espectadores de entonces se ponían de pie aterrorizados ante la imagen del tren que parecía echárseles encima.


El primer largometraje a destacar no podía ser otro que EL MAQUINISTA DE LA GENERAL (The General, 1927). Gran amante del tren, Buster Keaton hizo construir durante el fatigoso rodaje réplicas exactas de las auténticas locomotoras «La Texas» y «La General». Un título hoy muy apreciado por los aficionados de todo el mundo, en su día constituyó todo un fiasco, hasta tal punto de que su autor se retiró de la dirección voluntariamente durante un tiempo. Cuatro años antes, en LA LEY DE LA HOSPITALIDAD ya había devuelto a la vida de forma sorprendente la primitiva locomotora de George Stephenson «The Rocket».
En esta larga etapa del denominado cine mudo tenemos muchos ejemplos del productivo tándem tren/cine, y aunque no nos entretendremos en analizarlos pormenorizadamente, sí creemos que por lo menos se deberían nombrar algunos de ellos dada su importancia histórica, y por sus títulos originales: Leaving Jerusalem by Train (Partiendo en tren de Jerusalén. L. Lumière, 1896), A Kiss in the Tunnel (Un beso en el túnel. George A. Smith, 1899), The Great Train Robbery (El gran robo del tren. Edwin S. Porter, 1903), Voyage à Travers L’imposible (Viaje a través de lo imposible. George Mieliès, 1904), The Lonedale Operator (Salvada por el telégrafo. D.W. Griffith, 1911), Las peripecias de Paulina (L. Gasnier & D. MacKenzie, 1914), Intolerance (D.W. Griffith, 1916), The Iron Horse (El caballo de hierro. John Ford, 1924) y The Great K and a Train Robbery. (El asalto al tren expreso. Lewis Seiler, 1926).

Los dos primeros títulos enlazan con la temática de las películas caseras de los Lumière; son más un testimonio fehaciente que demuestra que la cámara es capaz de retener y revivir cualquier situación cotidiana, funcionado como un tercer ojo del espectador, el ojo indiscreto que todo lo ve. En cambio a partir del film de Meliès la temática del cinematógrafo ya no buscará el primitivo efecto sorpresa ni el asombro del espectador; lo proyectado ya posee un hilo argumental y un desarrollo de la trama parejo al de, por citar un ejemplo, El maquinista de la General.
Continuando en la década de los locos años veinte, la divina Greta Garbo exigió modificar su personaje al interpretar ANA KARENINA (Clarence Brown, 1927). Aún así, los americanos se reservarían el derecho a veto del fatídico final con un montaje distinto destinado al público europeo. Setenta años después se resarcirían de aquella censura tenaz con una nueva versión del clásico de Tolstoy, esta vez sin falsos tapujos. Anna Karenina (Bernard Rose, 1997); starring: Sean Bean, Mia Kirshner y Shopie Marceau.

Marlene Dietrich es Shanghai Lili en EL EXPRESO DE SHANGHAI (Joseph von Sternberg, 1932). Pecado, glamour, arte y desenfado coronan este film imprescindible del maestro austriaco, un seductor viaje de Pekín a Shanghai años más tarde retomado por William Dieterle en Pekín Express (1951).

En EL GATO NEGRO (Edgar G. Ulmer, 1934), la adaptación del cuento de Edgar Alan Poe, dos pesos pesados del cine de terror se reparten el protagonismo: Bela Lugosi y Boris Karloff. La historia comienza cómo no en uno de esos coches de pasajeros que tanto juego dan a la hora de presentarnos a los personajes.
39 ESCALONES (1935) es uno de los títulos más conocidos de la etapa inglesa de Alfred Hitchcock, y contiene secuencias de especial interés ferroviario como la del paso del tren por un magnífico puente metálico. Otros títulos valiosos del genio inglés son ALARMA EN EL EXPRESO (1938), EXTRAÑOS EN UN TREN (1951) y LA SOMBRA DE UNA DUDA (1943). Mención especial para otro de sus clásicos: CON LA MUERTE EN LOS TALONES (North by Northwest, 1959). Cary Grant en su desesperada huída toma el tren de Nueva York a Chicago sin pasar por taquilla y claro, no le queda otro remedio que compartir coche cama con Eva Marie Saint, otra "femme fatale" rubia y peligrosa de las que tanto gustaba rodearse el maestro del suspense.


Siguiendo la estela de humo dejada por la locomotora de 39 escalones, la del CORREO NOCTURNO (Night Mail. Basil Wrighy & Harry Watt, 1936) se mueve al ritmo de una música compuesta por Benjamin Britten y unos textos del poeta W.H. Auden leídos por el productor del film, el realizador escocés John Grierson, conjuntados especialmente para que nos sugieran el continuo movimiento de las bielas de la locomotora que recorre cada noche el trayecto de Londres a Edimburgo. Correo nocturno pertenece a una etapa del cine británico subvencionada por el gobierno que recoge la mejor tradición de sus documentales, combinándola con el cine experimental y las innovadoras técnicas de audio.

El rodaje de LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ (Victor Fleming, 1939) se llevó también por delante a varios directores y guionistas que sucumbieron ante las rígidas exigencias del productor. Tres años de arduo trabajo, una historia de amor y poder con la guerra civil americana de por medio que cautivó a medio mundo. De los muchos momentos que han quedado para la historia del cine siempre se suelen citar por lo menos dos: el del incendio de Atlanta y el de la estación de dicha ciudad convertida en un hospital plagado de heridos y moribundos tumbados sobre los andenes y cubriendo completamente sus vías. Como se emplearon muchos maniquíes convenientemente disimulados para su filmación, la escritora Margaret Mitchel, autora de la novela original, comentó al verla el día del apoteósico estreno en la mencionada Atlanta: «Si hubiésemos tenido tantos soldados habríamos ganado la guerra», refiriéndose al mermado ejército sureño.


En 1867 empieza la construcción del ferrocarril en el estado de Missouri. Diversos agentes de la compañía constructora obligan a los propietarios de las tierras por donde pasará el tren a malvenderlas con engaños y amenazas (hasta que se topan con la madre de Jesse y Frank James). No lo digo yo, es un breve resumen del western dirigido por Henry King TIERRA DE AUDACES (Jesse James, 1939).
UNION PACIFIC (1939), la superproducción de Cecil B. De Mille, constituye todo un paradigma del western épico e histórico, al contar la proeza que supuso unir el este con el oeste de los Estados Unidos por vía férrea. Además del asalto de los inevitables indios, la estampida de ganado y el posterior descarrilamiento, como colofón se recrea el día de la feliz unión en Promontary Point donde dicen las crónicas que se clavó un tornillo de oro conmemorativo. ¿Continuará allí o se lo habrá llevado alguien de recuerdo?

Meses más tarde, los Hermanos Marx también rodarían su peculiar versión de la conquista del oeste (Go West, 1940), al grito de ¡Traed madera! Ronald Reagan, aparte de llegar a presidente de los todopoderosos USA, también tuvo su efímera carrera como actor, una trayectoria tan gris y poco destacable para nosotros los europeos como su mandato presidencial. CAMINO DE SANTA FÉ (Michael Curtiz, 1940) es un western militar en el que Mr. Reagan y Errol Flynn luchan sin descanso contra un abolicionista loco que siembra el terror por doquier salvando esclavos, y aún tienen tiempo estos dos galanes de enamorarse a la par de la misma chica, la bella Olivia De Havilland, que curiosamente resulta ser la hija del futuro dueño de la línea del ferrocarril que tarde o temprano terminará uniendo Santa Fé con Nuevo México.


En PERDICIÓN (Double indemnity, 1944) el tren se verá involucrado en una historia terrible. Con un guión de James M. Cain basado en el texto de Raymond Chandler, Barbara Stanwyck y Fred MacMurray conspiran para cobrar la «doble indemnización» contratada en el seguro de vida. Admirable papel el de de otro de los grandes del cine negro y de gángsters: Edward G. Robinson. Perdición constituye un buen ejemplo del mejor cine negro americano, el de la década de los cuarenta. Billy Wilder, su director, cambiaría quince años más tarde el género negro por la comedia. El resultado, la divertidísima CON FALDAS Y A LO LOCO (Some Like It Hot, 1959). Las escenas en las que una Marilyn Monroe ligerita de ropa y de cascos deambula por las literas del coche cama son para desmayarse, y si no que se lo pregunten a Jack Lemmon y Tony Curtis.
No son estas dos magníficas películas los únicos ejemplos salpicados de ‘ferromanía’ que podemos rescatar de la extensa filmografía del director austriaco emigrado a Hollywood. En 1942 consagró un prometedor debut con EL MAYOR Y LA MENOR, una comedia donde Ginger Rogers se hace pasar por una niña de doce años para no pagar el correspondiente billete de tren de adulto. Después de las aclamadas Días sin huella (The Lost Weekend, 1945) y sobre todo de la magna El crepúsculo de los dioses (Sunset Blvd., 1950) vendría uno de esos ‘patinazos’ que todo director que se precie atesora en su curriculum.
El gran Carnaval (1951) se adelantaría a su tiempo al reflejar de forma muy ácida los tejemanejes de un periodismo que no duda en sacrificar cualquier valor humano a favor de un titular. Kirk Douglas es capaz convertir a un accidentado sepultado bajo escombros en el espectáculo nacional. Hasta se fleta un tren para curiosos sedientos de morbo, el cual se bautiza como “Leo Minosa Special”. El tema de la prensa sensacionalista lo retomaría veinte años más tarde en Primera plana (The Front Page, 1974), aunque con un sentido del humor bastante más accesible.

1945 fue el año de BREVE ENCUENTRO, una de las varias obras maestras de Sir David Lean (La hija de Ryan, Pasaje a la India). Brief Encounter se desarrolla casi íntegramente en un entorno ferroviario cantina de estación, andenes, y posee elementos del cine negro americano y del neorrealismo italiano trasladados a la conservadora sociedad británica. El éxito del PUENTE SOBRE EL RIO KWAI (1957) sería fundamental a la hora de obtener la confianza de un productor que avalase otros proyectos más o menos arriesgados, como la excelsa y extensa LAWRENCE DE ARABIA (1962), en donde el militar aventurero interpretado por Peter O’Toole ayuda a liberar al pueblo árabe de la ocupación turca asaltando y descarrilando sus trenes que atraviesan el desierto.

LA BATALLA DEL RAIL (1946) de René Clément, fue la primera Palma de Oro otorgada en el Festival de Cannes, y se centra en los sabotajes de la Resistencia francesa durante la II Guerra Mundial contra los convoyes alemanes. COCHE CAMA A TRIESTE (John P. Carstains, 1948) es una desconocida pero atractiva producción británica que combina el cine de aventuras, suspense e intriga, y gira alrededor de unos espías que roban unos documentos en una embajada de París, huyendo posteriormente en el Orient Express, donde los decorados reproducen fielmente el interior del tren más famoso de todos los tiempos.

Una del Oeste muy poco conocida: CANADIAN PACIFIC (1949), dirigida por Edwin L. Marin. Amores y disputas comerciales en torno a la construcción de dicha línea del ferrocarril, como siempre sucede en estos casos beneficiosa para unos y ruinosa para otros.

PACIFIC 231 (Jean Mitry, 1949) enamora desde su primer plano por la perfecta interrelación entre imágenes ferroviarias y música, ya que la partitura está compuesta expresamente para este cortometraje por el músico suizo-francés Arthur Honegger. Un vibrante recorrido por la línea París-Lille auspiciado por la SNCF, donde el espectador se ve atrapado en un vertiginoso frenesí sonoro y visual de impactantes resultados.

SOLO ANTE EL PELIGRO (High Noon, 1952), el clásico de de Fred Zinneman, se mueve dentro de un comedido suspense, un western psicológico cargado de alta tensión al llegar la secuencia del reloj y el silbato que anuncia la llegada de los malhechores a la estación. La expresión de amargura de Gary Cooper resulta todo un poema, dicen que por culpa de su progresiva enfermedad.
LOS APUROS DE UN PEQUEÑO TREN (The Titfield Thunderbollt, 1953) constituye una de las cimas de la industria fílmica inglesa y de los desaparecidos Ealing Studios; ver para creer: el pequeño pueblo de Titfield saca del museo una locomotora a hombros para ¡ponerla en funcionamiento! Su director, Charles Crichton, se retiró en 1968 para volver veinte años más tarde a cosechar la admiración de público y crítica con Un pez llamado Wanda (1988), ya que supo recuperar el finísimo sentido del humor típicamente british, característico de los míticos Estudios Ealing. A esta época dorada del cine inglés pertenece también TRAIN OF EVENTS, dirigida en 1949 por Sidney Cole, Basil Dearden y el mencionado Charles Crichton.