From LumiÉre Brothers to John Le CarrÉ, PART III (1978-1990)

Como no sólo de cine americano se vive, LOS ENCUENTROS DE ANNA (Chantal Akerman 1978) describe el viaje el tren por Alemania, Bélgica y Suiza que realiza una joven cineasta para presentar su película. En El Expreso de medianoche (Alan Parker, 1978) no salen trenes, sin embargo el título nos retrotrae a una leyenda carcelaria de los Estados Unidos cantada por infinidad de bluesmen y popularizada por el Kingston Trío y sobre todo por los Creedence Clearwater Revival, según la cual si el tren nocturno procedente de Houston –The Midnight Special– iluminaba a un recluso a través del hueco de la angosta ventana de su celda, significaría para él una especie de bendición premonitoria: sería el siguiente en conseguir la ansiada libertad. En cambio, en la polémica cinta de Parker con guión de Oliver Stone la leyenda hace referencia a un nombre en clave para un plan de fugas. Tomar el expreso de medianoche significaba fugarse. Tras este éxito de taquilla, el realizador británico continuaría su buena racha con FAMA (1980), un soberbio musical ambientado en Nueva York donde encontramos muchas escenas que transcurren dentro del metro.

Michael Crichton, además de escribir best-sellers que automáticamente se convierten en éxitos de taquilla, dirigió en 1979 EL PRIMER GRAN ASALTO AL TREN, una recreación del famoso robo del cargamento de oro inglés acaecido en 1855; la protagonizaban Sean Connery y Donald Sutherland. ORPHAN TRAIN (William A. Graham, 1979) es un drama histórico basado en la novela de Dorotea G. Petrie que cuenta la odisea de unos niños abandonados (también llamados homeless, «sin techo» o «niños de la calle») que viajan en ferrocarril desde el este de los Estados Unidos hacia los nuevos territorios del oeste a la búsqueda de un nuevo hogar. Situada en la mitad del S.XIX, en el reparto figura Glenn Close. Terminamos la abundante cosecha del año 1979 con las discretas EL PASAJE (J. Lee Thompson), un entretenido divertimento británico donde Anthony Quinn hace de vasco y Malcolm McDowell de malo, y EL TREN DEL TERROR (Roger Spottiswoode), una pesadilla estudiantil a bordo de un tren para la noche de fin de año encabezada por Jamie Lee Curtis.

Los años ochenta se inician con ROJOS (1981), Oscar a la mejor dirección para Warren Beatty, también su protagonista indiscutible. 200 minutos con mucho tren soviético para contar la historia y la histeria de John Reed, el primer americano enterrado en la Plaza Roja de Moscú. El tren elevado de Chicago puede proporcionarnos más de una sorpresa agradable que poco tiene que ver con mundo de Al Capone y otros topicazos gangsteriles que la Ciudad el Viento arrastra desde los tiempos de la Ley Seca; tampoco habría que mitificar al abogado rico -Richard Gere- que lo tiene todo pero que de tanto ir y venir en este medio se fija en una escuela de baile y cómo no en la modélica figura que Jennifer Lopez luce en ¿BAILAMOS? (Peter Chelsom, 2004). Tom Cruise (el niñato virgen) y Rebecca De Mornay (la profesional que está como un tren) se lo montan de madrugada en RISKY BUSINEES (Paul Brickman, 1983) aprovechando la soledad del vagón de fondo en la que puede considerarse como uno de las momentos más tórridos y románticos que dentro de un suburbano hayamos podido ver jamás (la banda sonora ayuda lo suyo a crear ambiente). Magia y precisión, cuerpos celestes, divina juventud fruto de la boyante era Reagan. Ay, pijos del Northshore cuyo Porsche se os cae al lago Michigan, ¡arrepentíos...!

Si uno llega a acostumbrarse al ir y venir de los trenes urbanos que pasan a pocos metros de su casa es porque no le queda más remedio, como el padre del protagonista –londinense de ascendencia paquistaní– de MI HERMOSA LAVANDERÍA (Stephen Frears, 1985). ¿Y qué me decís de la hermosísima Jennifer Beals de FLASHDANCE (Adrian Lyne, 1983)? Pues que después de un agotador día trabajando de ¡soldadora! en una tórrida fábrica de Pittsburg, aún tiene fuerzas para bailar y coreografiar el 'Maniac' de Michael Sembello en un no menos sudoroso nightclub. Tras embobar a su jefe -el de día-, un atractivo yuppie también con Porsche, su cándido paseo por las vías del tren es de una apabullante efectividad plástica (el director es el mismo de Nueve semanas y media). Y no menos efectiva resulta la secuencia final de COTTON CLUB (F.F. Coppola, 1984), un fenomenal número musical ambientado en la Estación Central de Nueva York. Richard Gere parece que se va él solito tras recibir calabazas de la hermosísima Diane Lane, pero como en un cuento de hadas al final la dama en cuestión le espera en el andén con los brazos abiertos para poner el broche de oro a esta estupenda película del maestro Coppola.

EL TREN DEL INFIERNO
(Runaway train, 1985) se basa en un guión original del maestro del cine japonés Akira Kurosawa adaptado por Andrei Konchalovsky, un director ruso afincado en los USA (hermano del también director Nikita Mikhalkov) cuyo éxito anterior Los amantes de María le abriría las puertas para enfrentarse a mayores empeños, presupuestariamente hablando. Lo sé, la consabida fuga de presos está muy vista en el cine, pero es su posterior huída en un demoníaco tren desbocado por gélidos parajes de Alaska la que contiene una de las más trepidantes y terroríficas secuencias de ferrocarril que uno pueda imaginar. Protagonizada por John Voight, Eric Roberts y la actriz de moda entonces: Rebecca De Mornay. La mencionada MARIA’S LOVERS (1984) cuenta con un plano excepcional, cuando John Savage abandona el pequeño pueblo de Pennsylvania subiéndose en marcha como si de un caballo se tratase en el tren de mercancías atraviesa sus céntricas calles. Con Tango y Cash (1989), Konchalowski comenzaría su declive como respetado director de culto.

Del reparto de CUENTA CONMIGO (Rob Reiner, 1986) todos recordamos al malogrado River Phoenix al frente de una pandilla de críos que deciden explorar una inquietante vía de tren. TIRA A MAMÁ DEL TREN (1987), dirigida y protagonizada por Danni DeVito, viene envuelta como la típica comedia americana de enredo, aunque con toques de humor ácido gracias a Billy Cristal. Contemplando en el cartel de KANSAS (Dos hombres, dos caminos. David Stevens, 1988) a unos ociosos Matt Dillon & Andrew McCarthy sentados en una solitaria vía de sabe Dios qué ciudad perdida de la América profunda, uno se pregunta qué clase de amistad pudo llegar a unirles. Mientras Dillon atraca bancos, el bueno de Andrew rescata del fondo del río a la hija del gobernador. Cosas del cine. En ese mismo año de 1988 descubrimos que la “Operación Casablanca” pudo decidir el destino de la humanidad gracias a una emocionante aventura made in Italy con un importante reparto internacional. En la bella y fascinante ciudad marroquí se prepara el encuentro entre Churchill y Roosevelt para encarrilar el rumbo de la Gran Guerra. Pero ya se sabe que los alemanes no se van a quedar de manos cruzadas, así que intentarán destruir el CASABLANCA EXPRESS (Sergio Martino), el tren en que viajan Churchill y otros 120 pasajeros.

Para la tercera parte de las aventuras de saga de Indiana Jones, INDIANA JONES Y LA ÚLTIMA CRUZADA (Steven Spielberg, 1989), River Phoenix encarnó al joven Indy en un vertiginoso y no menos memorable prólogo marca de la casa Spielberg, de especial interés puesto que transcurre en un tren circense lleno de trampas y sorpresas varias que nuestro héroe favorito sorteará no sin dificultades empleando a fondo todos sus recursos y habilidades, látigo incluido. Y entramos de lleno en los años noventa, que comienzan estupendamente con REGRESO AL FUTURO III (Robert Zemeckis, 1990). Sus portentosos quince minutos finales pletóricos de ferrocarril además de un festín visual resultan un homenaje al mundo mágico de Georges Méliès y sobre todo a su clásico por excelencia: Viaje a través de lo imposible (1904). TESTIGO ACCIDENTAL (Narrow Margin. Peter Hyams, 1990) es otro ejemplo de buen cine policiaco con escapada de «malo malísimo» en tren, en esta ocasión por unos apabullantes paisajes canadienses. Bellísima Anne Archer. Gene Hackman, el «bueno buenísimo», tan convincente como siempre.