From LumiÉre Brothers to John Le CarrÉ, PART IV (1991-2005)

Con EUROPA (1991), el sueco Lars Von Trier inauguraba un nuevo género cinematográfico: el Dogma. Pero como viene siendo habitual en los últimos tiempos, en Hollywood andan más interesados en los siempre rentables remakes que en buscar nuevos horizontes experimentales, difíciles por no decir imposibles de rentabilizar en cuotas de pantalla y número de espectadores. A KISS BEFORE DYING (James Dearden, 1991) revisita el clásico de Gerd Olwald Bésame antes de morir (1956), esta vez con Matt Dillon y Sean Young como atractivas figuras de cartel. El oscuro pasado de Dillon quedará en evidencia por el sonido inconfundible de uno de esos trenes de mercancías típicamente americano que pasan cerca de su casa natal, como el que únicamente se oye en American Graffiti (George Lucas, 1973), el que se ve en Bagdad Café (Percy Aldon, 1987) y en París, Texas (Wim Wenders, 1984), el que se escucha y se ve en Rumble Fish (La Ley de la Calle, 1983) y en El Cazador de Michael Cimino (The Deer Hunter, 1978), y el que toman furtivamente por la noche dos de los Rebeldes de Francis Ford Coppola (The Outsiders, 1983). Reseñar que los dos films de Coppola mencionados son adaptaciones de dos de las obras más conocidas de la escritora Susan E. Hinton.
Como no sólo de trenes vive el hombre, rescatemos del recuerdo una de las más brillantes secuencias que uno recuerde haber visto en la Estación Central de Nueva York. El multitudinario vals que Parry (Robin Williams) imagina en EL REY PESCADOR (Terry Gilliam, 1991) mientras sigue a Lydia (Amanda Plummer), su amor secreto, es definitivamente el momento más inspirado de la película. Todos los que por el inmenso hall transitan bailan acompasadamente mientras el reloj de cuatro esferas hace las veces de bola de espejos de discoteca. Memorable se mire por donde se mire.

Gary Sinise es un actor bastante desconocido por estos pagos, últimamente al frente del C.S.I. New York, pero que como muchos otros de su generación decidió probar la silla de director embarcándose en un noble proyecto: volver a llevar a la pantalla la famosa novela de John Steinbeck DE RATONES Y HOMBRES (1992). Los trenes de la época de la Gran Depresión Americana son una ayuda perfecta para que estos dos hermanos siempre metidos en problemas consigan huir de la ley y sus perseguidores; uno es el propio Sinise y el otro un John Malkovich en estado de gracia. Si EL FUGITIVO (Andrew Davies, 1993) comienza con un violento choque de tren contra autobús con posterior descarrilamiento que facilita la huida de Harrison Ford, los inefables servicios secretos americanos terminarán localizándole gracias a una pequeña pista: el inconfundible traqueteo del tren elevado de Chicago que se escucha a través del auricular de una cabina telefónica, tren que igualmente aparece en ALTA FIDELIDAD (Stephen Frears, 2000).

Otros títulos exitosos con tren que marcaron época fueron TOMATES VERDES FRITOS (John Avnet, 1991), Resplandor en la oscuridad (David Seltzer, 1992) con Michael Douglas y Melanie Griffith, de la que podríamos decir muchas positivas cosas si su torpe final no ofendiese cualquier inteligencia ducha en balística, Tren nocturno a Venecia (Carlo U. Quinterio, 1993), «una de espías» protagonizada por Hugh Grant y el Orient Express, La lista de Schindler (Steven Spielberg, 1993), la Misión imposible de Tom Cruise (Brian De Palma, 1996), O Brother! (2000) de los hermanos Cohen (guión de Ethan y Joel, dirección de Joel), y WILD WILD WEST (Barry Sonnenfeld, 2000), que nos descubre una pareja insólita: Will Smith y Kevin Kline; una más que salvable puesta al día del western de toda la vida, con la única pretensión de entretener, con increíbles toques al estilo del mundo mágico de Julio Verne y estupendas tomas de ferrocarril y de Salma Hayek.

Compatriota de Jirí Menzel, el checo Jan Sverak se llevó el Oscar a la mejor película de habla no inglesa por KOLYA (1996), un emotivo retrato de los últimos días de la ocupación rusa de aquel país tras la caída del imperio soviético en 1989. Una de las escenas favoritas del director es la que transcurre dentro del metro de Praga. Kolya, el entrañable niño ruso de cinco años, se pierde entre la muchedumbre por túneles, andenes y tenebrosas escaleras mecánicas. Al final encuentra a su padre eventual, interpretado por el inevitable Zdenek Sverag. Tan sólo cuatro años antes, otro título del mismo director había sido nominado en la misma categoría por la Academia de Hollywood: ESCUELA PRIMARIA (Obecna Skola, 1991), un fiel retrato de la esperanzada población checa -infantil y adulta- justo al término de la Segunda Guerra Mundial. Casi al final y en una secuencia enormemente preñada de belleza, dos de los niños protagonistas saltan desde un puente sobre un vagón de cereales. El tren surca los campos dorados por el sol, y las tomas aéreas se recrean ampliamente en el convoy para deleite del espectador. Aunque por encima de todas ellas resalta la francesa e inusualmente divertida EL TREN DE LA VIDA (Radu Mihaileanu, 1998), cuyo argumento recuerda bastante al de El Coronel Von Ryan. El tren de la vida ostenta el honor de haber sido la primera película donde se desdramatiza el holocausto judío a base de ocurrentes diálogos y vibrantes números musicales, siempre bajo la batuta de su propio director, también de origen judío.

El ese mismo año de nos 1988 encontramos con dos producciones bien diferentes. La primera es LOS QUE ME QUIEREN COGERÁN EL TREN (Patrice Chéreau), de cuyo sorprendente guión nos da una pista su no menos sugestivo argumento: «Antes de morir Jean-Baptiste, un célebre artista, pide ser enterrado en un famoso cementerio de la distante ciudad de Limoges. Sus parientes, insiste, deben tomar el tren para asistir a su funeral. Una vez fallecido, la numerosa familia de Jean-Baptiste se monta en el tren hacia la localidad. Durante el camino se desatará un torrente de emociones entre familiares que hacía mucho tiempo que no se habían visto». ¿A que dan ganas de verla? Y el segundo título es ESTACIÓN CENTRAL DE BRASIL, realizada por Walter Salles, donde un niño y una mujer están a punto de comenzar un viaje juntos hacia un lugar desconocido. Ella, Dora, es una mujer que escribe cartas para personas analfabetas en la Estación Central de Río de Janeiro. Lo que no da muchas ganas de coger es el EUROPA EXPRESS (Csaba Horváth, 1999), el tren que desde Viena recorre plácidamente las vías centroeuropeas hasta que un gángster ruso lo secuestra.

Un título misterioso donde los haya que nos llega desde la no menos misteriosa cinematografía húngara. Woody Allen dirigió a Sean Penn en ACORDES Y DESACUERDOS (Sweet and Lowdown, 1999), la truculenta biografía al estilo ‘Zelig’ de Emmet Ray, el segundo mejor guitarrista del mundo, ya que en los años treinta la primera plaza la ocupaba el inimitable Django Reinhardt. En ella el inquieto músico nos desvela dos de entretenimientos favoritos: disparar a las ratas en un descampado y “ver pasar trenes”, algo que desespera tanto a las amistades como a sus efímeras conquistas. Coincidiendo con el cambio de milenio conviene destacar dos propuestas bien diferentes. BAILAR EN LA OSCURIDAD, merecedora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes 2000, supuso el retorno de Lars Von Trier por la puerta grande con una historia tan cegadora como rompedora de esquemas.
Dancer in the Dark gira en torno a Selma, la madre soltera de origen Checoslovaco interpretada por la cantante islandesa Bjork, víctima de sus propias fantasías musicales entre las cuales se encuentra uno de los momentos más brillantes del film, cuando la ensoñadora coreografía sobre un tren nos deja perplejos y ebrios de emociones inusitadas en este divertimento que se da en llamar Cine (con mayúsculas). ENIGMA (Michael Apted, 2001), no es que sea una película estrictamente de trenes, pero esconde bellas tomas de vapor y de persecuciones en ferrocarril, como en cualquier buena peli de espías que se precie. A su director se le recordará siempre por la excelente Gorilas en la niebla (1988) y por producir para Francis Coppola el Drácula de Bram Stoker (1992). LA CUADRILLA (The Navigators, 2001) funciona como un meritorio docudrama del siempre comprometido Ken Loach (Tierra y Libertad, Sweet Sixteen) que nos acerca a la precaria situación laboral de unos trabajadores del ferrocarril en el Reino Unido, reflejando su angustioso día a día, sus esperanzas y sus sueños truncados. EL HOMBRE DEL TREN (2002) cuenta con la dirección de Patrice Leconte (El marido de la peluquera, La viuda de Saint Pietre), y en cuyo reparto y al lado de Jean Rochefort descubrimos a la que fuera estrella del rock and roll francés Johnny Hallyday.

VíAS CRUZADAS (The Station Agent, Tom McCarthy) resulta un plato de lo más exquisito, por algo fue la gran triunfadora del festival de Sundance 2003. Una demostración de que los amigos del ferrocarril también tienen su corazoncito sensible, su vivificante hobby es tratado aquí con cierto cariño y admiración, nunca como una excentricidad. No nos olvidamos de un par de taquillazos orientados a un público estrictamente infantil y juvenil. En HARRY POTTER Y LA PIEDRA FILOSOFAL (Chris Columbus, 2001), los futuros aprendices de mago tendrán que tomar el Hogwarts Express después de haber localizado en la estación londinense el andén 9 y ¾. Los padres de J. K. Rowling, la autora de este best seller juvenil, se conocieron en un tren cuando tenían dieciocho años, viajando desde la estación de King's Cross hasta la ciudad escocesa de Arbroath; su padre iba a incorporarse a la Marina Real, y su madre a la W.R.N.S. (el servicio militar en la Armada para mujeres). Su madre le dijo que tenía frío, y él le ofreció compartir su abrigo. Se casaron poco más de un año más tarde, con diecinueve años. THE POLAR EXPRESS 2004), una película de animación con movimientos de actores reales, cuenta la increíble aventura de un niño que viaja en Nochebuena hasta el Polo Norte para conocer a Santa Claus. La vida del pequeño protagonista se ve alterada cuando un gigantesco y reluciente tren negro de vapor se para en la puerta de su casa. Otra realización de Robert Zemeckis, autor entre otros títulos exitosos de la saga de Regerso al Futuro y la oscarizada Forrest Gump.

Desde MEMORIAS DE ÁFRICA (Sydney Pollack, 1985) no recordábamos un desembarco ferroviario europeo en el continente negro con una voz femenina en off que nos pusiera en situación. EN ALGUN LUGAR DE ÁFRICA (2001), Oscar 2002 a la mejor película extranjera, viene firmada en alemán por la directora Carolina Link, y como sucedía en su antecesora con las memorias de Meryl Streep, retoma el estilo clásico de la narración y el flashback. Mientras se suceden los títulos de inicio, una voz infantil nos recuerda que su familia –judía para más señas– tuvo que emigrar a Kenia para escapar de las garras del nazismo. De pronto vemos la estación de tren de Nairobi adonde llegan ella y su madre; mientras bajan al andén un tanto despistadas entre la caótica muchedumbre, la voz infantil continúa con su narración: «Tardamos seis semanas en rodear África en un vagón de pasajeros. Llegamos a Nairobi el 28 de abril de 1938, fecha del aniversario de Führer».

La producción china EL TREN DE ZHOU YU (Sun Zhou, 2002) constituye toda una revelación y estoy seguro de que maravillará a quien tenga la suerte de dejarse llevar por sus poéticas imágenes y por su cuidado estilismo casi minimalista tan distinto al cine de occidente. Tanto las escenas que transcurren en las estaciones como en el interior de los trenes están resueltas de una manera brillante, y por si eso no fuera suficiente, a lo largo de la película tenemos la oportunidad de viajar varias veces con su protagonista acompañándola por bellísimos parajes, introduciéndonos en túneles o mirando el paisaje a través de la ventanilla. Un bocado exquisito, una inesperada joyita oriental, tan delicada como la auténtica porcelana china, tan bella como Gong Li, la inolvidable actriz que da vida, y este caso nunca mejor dicho, a una enamorada Zhou You, y que ya nos había maravillado años atrás en varias cintas del hoy consagrado director Zang Yimou, sobre todo en Sorgo Rojo y Ju Dou. No abandonamos el gigante asiático sin antes tomar el tren hacia el año 2046 (Wong Kar-Wai, 2004). La singular historia de amor cuyo precedente hay que buscarlo en su anterior film Deseando amar (In the mood for love, 2002), continúa en esta exquisita fábula sensual que gira en torno a tres hermosísimas aunque no por ello menos inquietantes féminas orientales y un curtido caballero que parece haber sido hechizado tanto por el trío de damas como por un misterioso tren que sale hacia el año 2046. Según se decía «todos los que fueron no volvieron», un lema que por igual se podría aplicar a los cientos de miles de inocentes víctimas del holocausto nazi trasladados en ferrocarril a los campos de exterminio. EN BRAZOS DE UN EXTRAÑO obtuvo el Oscar en el año 2000 a la mejor película documental. Dirigido por Mark Jonathan, el film nos cuenta la hazaña de los más de 10.000 judíos y otros niños transportados desde los territorios ocupados por los alemanes hacia albergues y hogares de Gran Bretaña.

Sofia Coppola, la hija del gran cineasta que aparecía siendo una niña en títulos ya mencionados como La ley de la calle y Rebeldes, y cuya presencia en El Padrino III irritó a tantos críticos y espectadores que creyeron ver en ella una enchufadilla de papá, mira por donde hoy por hoy constituye una de las revelaciones del cine americano menos comercial. Con LOST IN TRANSLATION (2003) demostraría su talento como directora, acaparando premios y toda clase de alabanzas a lo largo y ancho del planeta. Una historia situada en la demoledora ciudad de Tokio, tan aséptica como sus bares, tan perfeccionista como su tren superespacial, tan superpoblada como su metro. Una lección de cine independiente difícil de olvidar. En la cinta de animación de la factoría Pixar/Disney LOS INCREÍBLES (Brad Bird, 2004), Mr. Incredible, el cabeza de familia de una peculiar saga de superhéroes, tras una larga etapa sin ejercer el oficio utiliza las instalaciones de la estación de tren de su ciudad para poner a punto su relajada musculatura. Vagones tolvas y son levantados con pasmosa ligereza como si de pesas de gimnasio se tratasen. Pero no creáis que todo lo que reluce y rueda sobre dos raíles pertenece a una maravilla fílmica.

A veces en los bodrios también salen trenes, como en Alerta máxima 2, donde la coleta de Steven Seagal consigue robarle protagonismo incluso al propio tren, y lo mismo podríamos decir de Sin control, una disparatada trama de virus mortíferos y trenes desbocados pensada especialmente para el lucimiento del musculoso Van Damme. Y para no recrearnos excesivamente en este tipo de cinematografía tan necesaria como olvidable, si alguien no ha visto Vía final y Secuestro letal puede tener la conciencia tranquila, puesto que se trata de dos productos facturados para televisión (lo que antes conocíamos como Estrenos TV) que defraudan tanto al aficionado al cine como al amigo del ferrocarril. Más de lo mismo encontraremos en la estadounidense Atomic Train (1999), otro artefacto infumable protagonizado por el otrora sex symbol Rob Lowe. Sin embargo no conviene prejuzgar y menos desdeñar otros géneros cinematográficos en progresivo auge que nos puedan proporcionar una visión más creativa que los típicos y tópicos argumentos trillados camuflados de violencia gratuita y acción sin fin. ASALTO AL TREN DEL DINERO (Joseph Ruben, 1995) nos sitúa de nuevo en el ajetreado metro de Nueva York. Destacan alguna que otra secuencia espectacular por los túneles y el dúo formado por Wesley Snipes y Woody Harrelson. En SHANGHAI KID (Tom Dey, 2000) convergen el Lejano Oriente con el Salvaje Oeste, no en vano la película está pensada para que la estrella del Kung Fu Jackie Chan despliegue todas sus artes, y para que abramos la boca con las acrobáticas piruetas marciales que tienen lugar sobre la consabida locomotora del oeste americano.

La coreana THE TUBE Baek Woon-Hak, 2003) insiste en la vulnerabilidad del moderno metro por el que parecen sentir cierta debilidad los terroristas cargados con explosivos amén de una buena dosis de mala leche; el villano –el agente secreto T– parece haberse hecho con el control de la situación, sus planes se desarrollan según lo previsto, hasta que el bueno de turno –el detective Jay– consigue salvar a toda la población del desastre total en una persecución laberíntica y de alta velocidad por los túneles de Seúl. Si un cargamento de diamantes es transportado por ferrocarril, siempre habrá un despiadado terrorista dispuesto a hacerse con ellos al precio que sea, y un abnegado policía capaz de capturar al malhechor. Es lo que acontece en TREN MORTAL (Yossi Wein, 2001). Basada en un relato breve de Philip K. Dick, PAYCHECK (John Woo, 2003) cuenta la historia de Michael Jennings, un genio famoso en todo el mundo que realiza proyectos especializados para corporaciones de alta tecnología. Con Ben Affleck y Una Thurman encabezando el reparto, el director artístico se enfrentó al duro reto de construir una red de metro en tan sólo tres semanas. Lo hizo en el interior de una enorme carpa de circo: unos 80 metros de línea ferroviaria operativa, con su túnel correspondiente, ayudan a hacer que las escenas de persecución resulten al mismo tiempo realistas y emocionantes.

Seleccionada para la función de clausura del Festival de Cine de Sitges 2004, la coproducción británico-alemana CREEP (Christopher Smith), parece cosechar a partes iguales tanta admiración como repulsa por parte de los espectadores. Londres. Una fría medianoche invernal. Sin un sólo taxi libre en el West End, Kate enfila hacia el metro. Con un puntillo de alegría etílica, espera en un banco del andén, pero acaba quedándose dormida... para despertarse y darse cuenta que todo el mundo ha desaparecido. Presa del pánico, intenta salir de la estación, pero todas las salidas están cerradas. De pronto, un tren llega y ella se monta algo inquieta, ya que el vagón está completamente vacío. Su alivio ante lo que parece su regreso seguro a casa se transforma en de nuevo en alarma cuando el convoy se detiene en mitad del túnel y su vagón queda a oscuras. Del 2004 es también LA VIDA ES UN MILAGRO (Zivot je cudo), del siempre inquieto Emir Kusturica. En un pueblo perdido de Bosnia sus habitantes sueñan con reconstruir una línea férrea para hacer de la región un paraíso turístico. Pero estalla la Guerra de los Balcanes y los planes cambian. Mucha vía y mucho túnel, aunque poco tren.

EL JARDINERO FIEL
(The constant gardener, 2005) significó la consagración del director de origen brasileño Fernando Meirelles tras la deslumbrante “Ciudad de Dios”. Una emocionante película que nos descubre la odisea emocional y global de un hombre para descubrir la verdad detrás de una tragedia personal y una conspiración mundial. Protagonizada por Ralph Fiennes y Rachel Weisz. El Jardinero Fiel, adaptación de novela del mismo título de John le Carré, está filmada en Londres y Nairobi y otros numerosos lugares de Kenia, y los exteriores en Berlín incluyeron el Lehrter Stadtbanhof para la llegada por tren de Justin a Alemania. También recrea un viaje en tren por Europa con dos o tres tomas de la cabina y del andén, y planos sofocantes del tren entre la multitud negra vestida de todos los colores.