SPANISH CINEMA, A LITTLE DIFFERENT, PART II (1978-2006)

En la lograda adaptación que José Luis Cuerda hizo de EL BOSQUE ANIMADO (1987), tanto el tren empleado en el rodaje como la reconstrucción de la estación de madera de Cecebre resultan totalmente convincentes, y nos retrotraen con cierto halo de legendario misticismo a la época dorada de nuestras leiteiras, las mujeres con que sus cotilleos «latrica Marica» y su ir y venir animaron tantas estaciones y apeaderos hoy apenas destartalados fantasmas del pasado. AMANTES (Vicente Aranda, 1989) nos ofrece la posibilidad de contemplar de nuevo la antigua estación madrileña de Delicias, además de la típica composición de un tren con sus característicos coches de viajeros de los años cincuenta. Mucha atención a la escena lluviosa de la ventanilla donde Jorge Sanz y Maribel Verdú sellan su pacto secreto de intenso color rojo. Del mismo año es ESTACIÓN CENTRAL, de Josep A. Salgot, que cuenta con un reparto estelar encabezado por Geraldine Danon, Juan Luis Galiardo, Jacques Penot, Mónica Randall, Santiago Ramos y Joaquín Hinojosa, y está rodada en las estaciones de Algodor (Toledo), Toledo, Aranjuez y Príncipe Pío (Madrid)

El aclamado cortometraje EL COLUMPIO (1992), dirigido por Álvaro Fernández Armero, está protagonizado por Coque Malla y Ariadna Gil, y se desarrolla en una estación del metro madrileño, un tren al fin y al cabo donde es posible el enamoramiento, el fútil deseo acoplado a una calurosa noche de verano metropolitana donde nadie desea dormir si no es acompañado. Último metro en la madrugada, desiertos vagones donde meditar sobre el día que se fue para no volver, evitando a toda costa ser devorado por la claustrofóbica hora punta reflejada en BILBAO (Bigas Luna, 1978). BELLE EPOQUE (1992) de Fernando Trueba, obtuvo el Oscar a la mejor película extranjera. Ambientada en 1931, la secuencia de la llegada en tren a la estación constituye un claro homenaje a John Ford y a su inevitable Hombre tranquilo. Y ya que citamos la obra maestra protagonizada por John Wayne y Maureen O’Hara, recordemos que el mayor tributo a este clásico de todos los tiempos lleva la firma del español José Luis Guerin: INNISFREE, cuyo estreno en 1990 provocó gran admiración entre los asistentes a la proyección (allí estábamos para certificarlo). Guerin también es el responsable de Tren de sombras (1997), nada que ver con el ferrocarril pero sí con un sincero homenaje al la historia del cine y a los hermanos Lumière al recomponer una historia familiar a través de sus películas caseras.

EL BESO DEL SUEÑO (1992) es un malogrado thriller donde Maribel Verdú encarna a una prostituta que se dedica a desvalijar a sus incautos clientes. En un ciclo de la Filmoteca Española el programa señalaba a HOLA, ¿ESTÁS SOLA? de Iciar Bollaín (1995) como una «¡Renfe movie! » Aunque hay alguna secuencia de tren, la cosa no es ni mucho menos para tanto. Para trenes trenes, los que encontramos en el minoritario mundo del cortometraje español. Javier Rebollo se arriesgó lo suyo al contar la relación epistolar políticamente incorrecta entre una niña de diez años interpretada por Amanda García y un hombre maduro encarnado por Xabier Elorriaga. ¡HOLA, DESCONOCIDO! (1998), está repleta de ternura y amor por correspondencia, y cuenta con una estupenda fotografía cuando el tren de cercanías recorre la escarpada costa de Alicante. En cuanto a otros cortos con olor a balastro pero esta vez cien por cien enxebres, destacar O pai de Migueliño –que comienza en la estación de A Coruña– y Fendetestas de Antonio Simón. En 1995 ven la luz Atlántico Express de Alber Ponte, un cineasta galego nacido en el Reino Unido, y A todo tren de Lidia Mosquera (en medio de una vía de tren se reúnen un músico enamorado que intenta suicidarse, un viejo guardagujas que espera un tren que no llega y un terco pastor que discute con el maquinista). Por cierto, Antón Durán “Morris” conduce un automotor.
Otros cortometrajes con trenes de por medio: METRO, dirigido por Achero Mañas en 1995, donde tres chavales de barrio deciden tomarse el día libre y en vez de ir a la escuela se dedican a viajar entre los vagones del metro. Y VÍA MUERTA, dirigido en 1997 por Manuel García Gómez. Trata de un joven soldado que viaja en tren aprovechando el permiso que le ha sido concedido. En el vagón conoce a un anciano y enfermo oficial del ejército. Más cercano en el tiempo es EL EXPRESO NOCTURNO (Imanol Ortiz López, 2003), cuya historia gira entorno a un hombre paciente que se topa con un pasajero hipocondríaco en un expreso nocturno. El pasajero, en un interrogatorio absurdo, terminará con la paciencia de su compañero de compartimiento.

Antes de obtener el merecido reconocimiento por parte de público y medios con Los lunes al sol, Fernando León de Aranoa cambió el rumbo del cine español con BARRIO (1998), un drama urbano que gira en torno a tres amigos en esa difícil edad de la adolescencia, tres actores debutantes con los que el director consigue algo dificilísimo: que nos creamos su historia y que ésta no se tizne ni de orgullo barriobajero ni de hipócrita compasión. El travelling que acompaña a los chiquillos por los inquietantes túneles del metro hasta llegar a «la estación fantasma», la desaparecida Chamberí, es de los que emocionan ya no sólo por su contundencia sino también por su lúcida carga onírica y sentido solidario que inmediatamente nos sobrecoge para sembrar un puñado de dudas razonables acerca de las supuestas virtudes y bondades de la globalización. Para rodarla el equipo contó con un par de horas y se sirvió de las mismas vías el metro para instalar la cámara en un carrito fabricado para la ocasión, desde donde se pudo hacer el mencionado travelling, un sueño de infancia que Fernando León vio por fin cumplido.

El argumento de EL BOLA (Achero Mañas, 2000) también discurre por cualquier barrio de la periferia madrileña, y se aleja bastante de los tópicos ferroviarios para mostrarnos un peligroso juego de niños en un tramo cualquiera de vía urbana, donde la silueta roja del tren de Cercanías de Renfe resulta una imagen habitual y reconocible junto con los tinglados de catenarias y los interminables muros o vallados que separan las vías de las cercanas viviendas. Una geografía urbana la del suroeste de Madrid (concretamente la del barrio de Aluche) asfixiada por torres y más torres de viviendas que se precipitan sobre una gran planicie cortada por las circunvalaciones y de nuevo las inevitables líneas de Cercanías de Renfe. En HÉCTOR (Gracia Querejeta, 2003), los jóvenes protagonistas intentan escapar de la fatalidad de su destino sentados en el alto de un descampado sobre el cual otean el monótono y rutinario discurrir de automóviles y trenes, la ceremonia diaria de una sociedad de la que no se sienten partícipes, porque a los veinte años no se suelen aceptar tan fácilmente ni la sumisión ni el paradójico devenir de un monstruo llamado futuro. Tanto la política de Renfe como la del Consorcio de Transportes Madrileño –léase Metro– siempre ha sido la de colaborar con el Cine Español, aunque lógicamente sus gestores también velan por que la imagen de nuestros ferrocarriles jamás se vea dañada, declinado incluso la invitación a colaborar en un rodaje cuando no quedan convencidos con el guión, por la aparatosidad de las escenas o por el alto índice de riesgo de las mismas. La siempre bella Ariadna Gil parece haber encontrado su mejor pose cuando la vemos a través de una ventanilla de tren, con ese gesto meditativo que tanto le favorece. Basta con ver los carteles de la argentina NUECES PARA EL AMOR (Alberto Lecchi, 2000) y el de SOLDADOS DE SALAMINA (David Trueba, 2003) para comprobar la espléndida fotogenia de una de nuestras mejores actrices.

Si tuviésemos que elegir una producción del presente milenio donde el argumento gire al cien por cien en torno al tren, nos decantaríamos por la entrañable coproducción hispano-argentina-uruguaya protagonizada por Federico Luppi y Héctor Alterio titulada EL ÚLTIMO TREN (Diego Arsuaga, 2002). Tres apasionados del ferrocarril pertenecientes a la Asociación Amigos del Riel deciden secuestrar una decana locomotora del S.XIX bajo la consigna “El patrimonio no se vende”, evitando así que acabe sus días haciendo de figurante para unos grandes estudios de cine americanos. En su empeño estos ancianos soñadores cruzarán medio país a través de vías abandonadas sin que ninguna autoridad pueda darles alcance ni mucho menos frenarles, obteniendo la solidaridad de los pueblos por donde pasan al ver en ellos una luz de esperanza, al verse abandonados a su suerte sin un medio de transporte que dejó de funcionar al no ser rentable.

Asimismo merecen especial atención tres documentales relacionados con nuestra historia ferroviaria más reciente. Dos de ellos llevan la firma de Ramón Fontecha: TÚNEL NUMERO 20 (2002), en referencia al túnel leonés donde un tres de enero de 1944 tuvo lugar el accidente ferroviario más grave en la historia de España, la catástrofe del “Correo de Galicia” tantos años silenciada por el franquismo, y EL TREN DEL WOLFRAMIO (2004), un intento de arrojar un poco de luz al tránsito de este metal con destino al Tercer Reich efectuado durante la Segunda Guerra Mundial a través de la estación de Canfranc y sus consiguientes contraprestaciones por parte de la Alemania nazi. En CARRILANOS (2003) de Rafael Cid, los protagonistas no son otros que los supervivientes de la construcción de la línea férrea entre Puebla de Sanabria y Ourense. Aquejados la mayoría de una enfermedad entonces “desconocida” (la silicosis), ignorados por el régimen dictatorial, los que consiguieron rehacer sus vidas nos cuentan en primera persona todos los esfuerzos y riegos a que estuvieron sometidos y todos los escollos que tuvieron que salvar en cuanto se refiere a la penosa y laboriosa epopeya de horadar los famosos túneles.

El 11 de Marzo de 2004 Madrid sufrió una cadena de atentados terroristas en los trenes que conducían a la estación de Atocha, falleciendo cerca de doscientas personas y destruyendo o alterando el futuro de otras miles que se vieron afectadas directamente por la tragedia. Un grupo de cineastas con la intención de aportar una visión distinta a la meramente informativa de puntos de vista ha realizado un film colectivo en memoria de los asesinados en los atentados del 11-M, en solidaridad con las víctimas y sus familiares, en repudio a la violencia del terrorismo y con la voluntad de obrar en la defensa de los valores democráticos y de la convivencia en libertad. El resultado, MADRID 11-M: TODOS ÍBAMOS EN ESE TREN (Varios directores, 2004). EL TREN DE LA MEMORIA (Marta Arribas, Ana Pérez, 2004) nos recuerda que dos millones de españoles salieron del país empujados por la necesidad. Su destino: Alemania, Francia, Suiza y los Países Bajos. La mitad eran clandestinos y viajaban sin contratos de trabajo. El ochenta por ciento eran analfabetos, y ante ellos se levantaba el muro del idioma y las costumbres diferentes. Para rememorar este éxodo, Josefina rememora su viaje en el tren de la memoria. Destino: Núremberg, Alemania.
Una historia de amor ambientada en Avilés que ganó el concurso de guiones de cortos de Avilés: ÚLTIMO TREN A TAHITÍ (Carlos Navarro Suárez, 2005). «Quería contar una historia de algo que pudiera ocurrirle a todo el mundo, y creo que lo he conseguido. El corto es un viaje personal, por un lado, porque me ha hecho conocer ciudades como Avilés y Oviedo y trabajar con gente estupenda que ha hecho que todo esto saliera adelante, y un viaje donde se ve lo posible y lo imposible de las relaciones entre las personas», afirma su director en un medio local. La segunda parte de este cortometraje está rodada en la cantina de la estación.

Un tren cuyo itinerario comienza en París y termina en Lisboa. Seis historias cotidianas que se entrecruzan a lo largo del trayecto. Su título: SUD EXPRESS (Chema de la Peña-Gabriel Velázquez, 2005), un viaje en el sentido literal de la palabra. Los directores crearon el guión partiendo de las anécdotas que sobre este tren les contaba un amigo interventor durante su infancia en Salamanca: prostitutas portuguesas que subían a dar servicio, parturientas que daban a luz en el vagón, vacas atropelladas que acababan en la cocina del vagón restaurante... La mayoría de actores entran y salen de escena a velocidad de vértigo, francés castellano, portugués, euskera, árabe... todas las lenguas entraban en juego. Sud Express es un largometraje de ficción de gran realismo, es una historia de gente anónima, de viajeros sin destino, de amores casi olvidados y de niños de la calle que sobreviven al pie de las estaciones... y donde el tren es un protagonista más. Según Chema de la Peña, «El tren es el transporte de la emoción, mirar por la ventana es como un travelling infinito».
La emigración gallega a Europa en los años sesenta queda perfectamente reflejada en UN FRANCO, 14 PESETAS (2006), un meritorio trabajo del actor Carlos Iglesias al frente del reparto y también de la dirección. Un homenaje los cuatro millones de maletas de madera que hicieron el viaje de ida y vuelta, y cómo no un homenaje al chorizo español, compañero inseparable de este largo viaje y responsable de nuestro particular “milagro económico”.

A modo de colofón y como hiciéramos con las películas extranjeras, este capítulo dedicado al cine patrio no se podría cerrar sin citar algunos films con “alma ferroviaria”:
1924. La Casa de La Troya (Alejando P. Lugín)
1934. Nobleza Baturra (Florián Rey)
1934. El tren de las 8.47 (Raymond Chevalier)
1951. Surcos (José Antonio Nieves Conde)
1956. Calle Mayor (J.A. Bardem)
1957. Los jueves, milagro (L.G. Berlanga)
1962. El hombre del Expreso de de Oriente (Francisco de Borja Moro)
1977. Ese oscuro objeto de deseo (L. Buñuel, 1977)
1977. Tren especial para Hitler (James Gartner, Francia/España)
1981. Terror en el tren de medianoche (Manuel Iglesias)
1983. El tren expreso (corto-Rosa María Almiral)
1987. El Lute, camina o revienta (Vicente Aranda)
1989. La señora del Oriente Express (Franco Lo Cascio)
1993. Rosa, Rosae (Fernando Colomo)
1996. El tren de las ocho (Esteban Requejo)
1997. Vía muerta (corto-Manuel García Gómez)
2002. Las diez y diez (Pasajeros al tren) (Antonio Sánchez Picón) 2002. El viaje de Carol (Imanol Uribe)
2003. El expreso nocturno (corto-Imanol Ortiz López)
2003. Las manos vacías (Marc Recha)
2004. Un viaje (corto-Gabriela Monroy. México)
2004. Roma (Adolfo Aristarain)

Y aunque pertenecientes a las cinematografías argentina y mexicana respectivamente, sería imperdonable no reconocer los incuestionables valores cinematográficos de las perdurables, soberbias y universales UN LUGAR EN EL MUNDO (Adolfo Aristarain, 1992) y LOS OLVIDADOS (Luis Buñuel, 1950), donde el agudo silbido del ferrocarril es la única banda sonora de los barrios marginales, y su estela de humo lo único bello en un horizonte franqueado por la miseria y la pobreza. La guinda la ponemos con un título poco conocido (y poco reconocido) en la larga trayectoria del director Antonio Mercero: LA PRÓXIMA ESTACIÓN (1982). El conflicto familiar padres/hijos o el choque generacional que no cesa. Una jovencísima Cristina Marcos, además de ser la protagonista, se encarga de interpretar la canción de encantador estribillo que da título a la película:

"Siempre hay un lugar donde llegar, siempre hay un minuto donde pega el sol,
Escápate conmigo, que siempre quedará... la próxima estación....”


THE END